Si somos un ser humano con el modus vivendi de las sociedades capitalistas actuales no es de extrañarnos que en la cotidianidad de nuestro transcurrir diario bien sea en carro, autobús, bicicleta, tren e incluso tan solo el hecho de ir al baño y usar la pasta dental aparezcan con intermitencia diferentes anuncios publicitarios cargados de colores, juegos de palabras, naturalidad, simpatía, diversión y de fácil lectura para nuestro ambiente agitado adecuándose al sueño lucido de la felicidad instantánea, máxima de las sociedades posmodernas donde el hedonismo es el regente de la decisiones del individuo y los conceptos universales pierden la batalla contra la sensación de bienestar “cool” del sujeto “la personalización posmoderna cierra al individuo sobre si mismo, hace desertar no solo la vida publica sino finalmente la esfera privada, abandonada como está en los trastornos prolifereantes de la depresión y de la neurosis narcisistas; el proceso de personalización tiene por termino el individuo zombiesco, ya cool y apático, ya vacio del sentimiento de existir” , devaluando cualquier seriedad respecto a temas o acontecimientos expropiando a la verdad de su propio sentido dejando tras de si una huella surreal, “La publicidad ha renunciado, no sin lucidez, a la pedagogía, a la solemnidad del sentido; cuantos mas discursos, menos atención: con el código humorístico, la realidad del producto es tanto mejor resaltada por cuanto aparece sobre un fondo de inverosimilitud y de irrealidad espectaculares. El discurso demostrativo fastidioso se borra, solo queda un rastro intermitente, el nombre de la marca: lo esencial” .
Nuestras sociedades han inventado necesidades faltas de uso, vacías al igual que sus hipérboles propagandísticas relegando el pensamiento a frases divertidas que definen en un producto lo que busca el ser humano en su existencia, proponiendo como fin único de su vida y la mía un cumulo de palabras sin ideal ni propósito, convirtiéndonos en una masa de humanos en estado vegetativo. Aunque el arte es una manera descarada de liberarse de este estado, existe solo en espacios fuertemente custodiados y no tan frecuentados por las masas zombi que habitan nuestras ciudades sin embargo muestras sencillas de obras como esta pueden llegar a cuestionar y poner en evidencia nuestro estado como individuos posmodernos dejando en mi como artista el ideal de mencionar lo que se puede ver en el otro lado de la moneda.
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